Un martes del mes del amor se encargó de manchar tres corazones
Luego de diecinueve campanadas del mes contó su jugada, aunque la venía amenazando
Las multiples llamadas no sonaron en el infinito, nadie contestó
Un manto pesado de incertidumbre y nerviosismo secuestró muchas noches calurosas
Tiene cierto tono grotesco que el triste rugido se haya dado entre tantas mareas de calor
No es el problema tan solo el recordar, también lo es no poder asimilar
Más de ochenta voluntades cargaron a la batalla, una pérdida, de tres almas desgraciadas
Allí apreció donde nadie quedaba; un objetivo tan noble como su persona
Un cuadro de muchos colores y distintos matices formaban una legacia de años y letras
Al principio el aire cargado de ese olorcito a café era intimidarte y aterrador…
Él logró, con el tiempo, que sea una experiencia y paciencia, una lucha…
Para él, ahora eterna.

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