Las cadenas del tiempo son invencibles.
La nostalgia es la comandante de este barco.
No existe indulto ni un tramo estrecho.
No hay negociación posible.
La locura es algo de dos.
La paz es un vestido cuyo color solo lo verás si aguantas la respiración.
No tenemos extremos, solo ángulos.
No se trata de ganar o competir, esa es la regla.
Tu valor es relevante al tamaño de tu astro.
Tu ser no es lo que puedas ser sino lo que debes ser para no dejar de ser.
Si hay margaritas, las rosas ya se fueron de vacaciones.
Sí, tenemos.
No dormimos ni podemos imaginar
No respiramos puesto que hay demasiadas nubes en el ático.
Tal vez ganemos, debes hacer tu apuesta.
Tal vez perdamos, harás tu apuesta.
Mi corazón ligero es, pero pesado es su flujo.
Mi dedo volátil es, pero justo y certero.
La estrella de plutón verde ahora es, su papel descartable.
La memoria me falla, mi fémur sonríe.
En su pelaje la sabiduría descansa.
En su mirada la intriga reboza.
Yo la protejo y velo por ella.
Yo la sufriré cuando sus huellas vayan por otro camino.
Mientras salga el sol, el frío no dolerá.
Mientras tenga su mirada, nada importa.
Durante la batalla no hay caídos, solo heroes.
Durante el fulminante tormento, verán señales de luz.
Nuestros pecados pagados son.
Nuestros concilios en el pasado quedaron.
Somos lo que somos.
Somos la fuerza disruptiva que altera la oscuridad.
Escrito el 5 de diciembre del año 2017.
[Este artículo pertenece a la sección: /Artes Literarias]

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