Empecé con otras reglas, nadie se apiadó.
En mi pecho yace una presión grisácea.
El ahogo provocado por la más espesa sustancia.
No existe consciencia tercera que reconozca mis heridas.
Si el mundo se hizo para dos, este mundo está sentenciado.
Mi deseo íntimo es que el cosmos haga justicia.
Que se de fin a la broma más macabra, la mayor ironía de todas.
Sea quien sea, color o no, todos siguen las mociones, nadie escapa.
Mi escudo roto está, espada nunca tuve.
¿Armadura?, eso nunca existió en este tierra.
Los castillos son un garabato hecho en tiza.
Ningún rey gobierna para siempre.
Cada reino vive bajo la protección de sus capas.
Algunos nunca logran salir al mundo real.
Los pocos que pisan el oscuro firmamento nunca hablan.
Heroes bastardos de una batalla penosa contra el mayor tirano.
El tiempo no usa cadenas ni látigos.
No usa jaula ni grilletes.
No traiciona ni perdona.
Todos somos su servidumbre.
La… mi compañera fiel duerme, ella es inocente.
No reconforta que ella no comparte mi dolor.
La oscuridad dejó de ser pesada hace mucho.
Ahora es una infiltrada con intenciones sospechosas.
El mundo de las luces no me seduce.
El mundo de la nostalgia me aterra.
El mundo de la locura me busca.
El mundo de la seguridad… ¿Existe tal cosa?.
Mis reinos ya no existen, ni ruinas quedan.
Sin tierra ni patria, aún así la lealtad existe.
No hay escudos, ni armas; pero hay esperanza.
Algo de felicidad también, inquebrantable y eterna.
Escrito originalmente el día 21 de diciembre del año 2017.

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