“Cejada”

El rugir de los ingratos invade la calle.
El oscurecer madura rápidamente en madrugada.
Los tintes anaranjados se difurcan entre miradas perdidas.
Perros hambrientos sacuden la cola al pensar en la cena.

Los días se sienten atrevidos, desafiantes osarios negros.
Horas se travisten de años, la paz tiene un color carmesí.
Orejas en alto y hombros cansados, el maullar del desgaste.
Donde rumor de cenizas quedan, las memorias depredan.

Dedos fríos bailan el ritmo de la experiencia.
La tierra desconocida no perdona extranjero alguno.
Tantas barrigas rugen; ninguna de hambre.
Triste mi tierra, triste mi cosecha, colectiva decepción.

Allá, donde nunca hubo un show la fiesta debe continuar.
El lenguaje de la soberbia no conoce de besos.
Rápida y alterada locura.
Chiste obsceno, grotesco y señorial.

Estructuras peludas combaten la dama fiel.
Incesante e interminable.
Sonrisa dibujada, ceño fruncido, cuello titilante.
Un blues relajará el ardor.

Su oído penetrado, malas memorias.
Lejos pero aún latente, que triste.
Emblema roto, el príncipe come tierra.
Nadie ganará.

Una canción color girasol, pulso latente.
Todo fluye, a veces ese es el problema.
Vaya reino de grises, todos cacarean.
Miro mi cierre, siempre se abre solito.

La  cólera de la vida, titánica.
Me río de la risa, miradme el pasado.
Mi testamento es mi locura.
Viajo en el deseo de otros y otras.
Nadie más profundo, acarició el núcleo dorado.

Escrito originalmente el día 21 de Mayo del año 2018.

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