Domingo 2 de Mayo, 2021

El año pasado tuve una muy grata sorpresa gracias al regreso de una persona muy especial de mi vida, la cual no solo marcó un punto de inflexión importante respecto a mi vida personal & social si no que además me ayudó tanto directa como indirectamente en mi desarrollo, en areas donde me resultaba imposible crecer (o de plano comprender). Nuestras circunstancias y pasados, errores tantos propios como de ella, y todo lo que involucre esa historia quedará solo para ella, yo, y cualquier persona que sea digna de conocer dichos sucesos; en mi caso no haré de público conocimiento todos los detalles y toda la narrativa de los sucesos porque primero no tengo todos los detalles y segundo porque no lo considero apropiado para el blog.

El retorno de esta persona tan fuerte y monumental marcó un mar de emociones y perspectivas desde la primera notificación Me da un poco de vergüenza lo que voy a decir pero creo que ella sabrá entender, al igual que cualquier otro entendido lector. Su regreso fue algo que yo esperaba, y sé que ella también. Nuestra apresurada e incómoda despedida allá por el 2014 fue un momento negro en mi historia porque, a pesar que no fue la primera vez que intenté hacer una amiga, una mejor amiga; si fue la primera vez que sentí que se podía lograr, que ella era la “hermana” que necesitaba en mi vida. El encuentro fue fortuito, genuino, no hubo mentiras, ni apariencias, no hubo charlas vanales o de relleno para cumplir una cuota de comunicación; ella desprendía honestidad y sinceridad pero lo más importante de todo, en su mirada había ese “No sé qué” que a mi me gusta llamarlo, al menos en este caso, humanidad. Conocí personas con mucha humanidad en la escuela secundaria pero ella era la primera persona, que en un nivel superior tanto por edad como por desarrollo, me generaba la confianza y seguridad de que, efectivamente, estaba en frente de un ser humano real, con problemas, sentires, pensamientos, nociones y voluntad.

Me intimidó un poco la velocidad en que nuestra amistad se afianzó, nos empezamos a confiar secretos y hasta anécdotas que quizás eran demasiado apresuradas si las ponemos en el tiempo promedio que toma generar una amistad sincera con otra persona, pero todo se sentía correcto y natural, en tiempo y forma. Es por eso que, a pesar que temía dar a entender señales equivocadas que puedan darle a entender algo erróneo, decidí confiar en su juicio y su mirada. Me dejé de preocupar por encerronas, o silencios incómodos cuando no tengo nada para contar, ¿Qué más daba preocuparse por etiquetas sociales y protocolos de reuniones sociales?, las charlas siempre fueron genuinas , naturales, la propia compañía era la expresión pura y sincera de que ahí había mucho de lo bueno, mucho del “Elemento Humano”. Sé que mis maneras de nombrar estos fenómenos entre personas se vuelven demasiado “mecánicos” pero es que realmente no encuentro una manera de nombrarlos y que dichos nombres hagan justicia a tales sucesos; de cualquier modo, cualquier persona que haya pasado por algo similar entenderá al instante a lo que me refiero, al igual que todo lo demás que ello conlleva.

Desde mediados del 2015 mi vida no ha sido para nada sencilla y el pasar del tiempo solo fué incrementando los problemas al igual que las difilcutades. Mi cuota de karma se manifestó y durante todos estos años estuve pagándolo, con extenuantes intereses debo añadir. Y si bien sé que no es el fin de mundo tener problemas en la vida (¿Acaso existe la vida libre de problemas?), para mi que tuve una vida bastante cómoda por más de una década, si fue una verdadera pesadilla tener que enfrentarme al mundo real, salir de la burbuja por la fuerza y cae en cientos de problemas sociales, económicos, y personales. Uno de los peores años de mi vida fué el 2017, el cual estuvo tan cargado de eventos negativos que casi al final del mismo tuve mi primer ataque de ansiedad. Aprendí mucho de todo, tristemente fue la gran mayoría todo negativo y me hizo bastante daño psicológico pero aún así, no quiero caer en la auto-flagelación: ese año ya pasó y aprendí. Una frase que un conocido me dijo por email fué “Respiraste el terror y lo expulsaste, debes dejarlo ir. El miedo es veneno, no debes mantenerlo en tu organismo. No debes temer porque no hay nada de que temer”. ¿Suena bastante genérico no?, pero ante mis ojos hay muchos significados y experiencias detrás de cada frase. Él es una persona muy sabía y grande, todo un ejemplo que espero algún momento llegar a conocer en persona; me ayudó bastante durante ese año. Fué el único capacitado para hacerlo; aunque claro también tuve la ayuda de una lunita chilena y eso siempre lo agradeceré.

El problema con los momentos duros de la vida, los de en serio, es que es muy rara la ocasión donde alguien puede ayudarte y esto se aplica especialmente cuando perdés la cabeza sea por el factor que sea (Estrés, falta de experiencia, nervios, o hasta estar completamente rodeada y a merced de la hostilidad ajena a tu ser). Se puede tener un millón de amigos pero ninguno de ellos podrá ayudarte realmente, los problema de la vida son tan personales y difíciles de pelear que se vuelve difícil transmitir a otra persona su magnitud, gravedad, y dimensiones. Claro, nunca está de más tener un par de ojos que te lean o un par de oídos que te escuchen, eso puede aliviar levemente el peso mental de los problemas. No es por menospreciar esto, ya que a veces es más que suficiente dar un poco de apoyo para, al menos, darle un merecido respiro a una persona hundida en el caos, sin embargo es muy doloroso tener una persona que queremos en problemas y no poder hacer nada para liberarla o aunque sea, ayudarla a resolver. El mundo no se hizo para dos, el mundo no se hizo para ninguno, somos nosotros como seres humanos que tenemos la voluntad de compartir la existencia, sea para bien o para mal.

A lo largo de estos años me he topado con una muy larga variedad de personas y personajes, la gran mayoría de porte interesado o malicioso… no recuerdo cuando fue la última vez que me topé con una persona transparente, humana, por estos lados. Y a pesar de que esto puede socavar mi percepción social, caer en la misma burbuja mental de creer que todos los seres humanos que me rodean son una basura y tal (Algo que casi todos acá sufren, y estoy segura que en muchos otros lugares más); todo este tiempo me ha hecho apreciar y valorar a mis amistades más cercanas, aquellas personas que me gusta llamarlas “Amistades Íntimas” (Suena algo mal, lo sé y no me importa).

Recuerdo que alguna vez habré discutido con la almohada cual es la mejor manera de tener una vida social respecto a las amistades: ¿Es mejor tener muchos amigos, los más posibles, ó es mejor tener un selecto y reducido número de amigos con los cuales hay un gran vínculo’. La respuesta, es que no se puede planear. Las amistades son algo volátil, imposible de planificar o diagramar en pro de mantener todo en su nivel “optimo”. Al igual que casi todo lo relacionado al ser humano, las amistades son algo innato del caos que tenemos las personas para organizarnos, y gracias a eso a veces se dan situaciones increíblemente positivas, negativas, o simplemente en el medio de ambas (Lo cual no tiene nada de malo).

El regreso de esta gran amiga me ha sacudido un poco las concepciones y nociones respecto a mis amistades y conocidos, y que dicho sea de paso también me alegró un montón porque a pesar que a veces realmente pensé que no regresaría, nunca dejé de [sentir] que ella volvería. No sé cómo explicarlo para desmitificar ese sentir pero es tal como lo escribo, desde el momento que la amistad parecía haberse terminado yo sentía que no sería el final, que ella regresaría. Me pasa algo similar on otar persona, pero a diferencia de ella, esa otra persona realmente prefiero que no regrese nunca. Esta amiga se fue en su momento, pero nunca me traicionó.

No estoy transitando por momentos estables o seguros, y de esto ya casi un año, cuando empezó todo este lío de la pandemia y tal. Es algo gracioso porque ella regresó la misma noche que declararon la cuarentena en mi país, siempre me causa gracia porque es como un suceso de eventos muy particular jaja.

Durante los momentos más duros se aprecia todo con mayor detenimiento, sea para bien o para mal. Un ruido en el piso de arriba puede ser la señora que nos alquila moviendo una silla o preparándose para bajar y hacer algún problema por cualquier cosa que se le ocurra. Un portazo en la puerta frontal de la casa puede ser la hija de dicha señora saliendo a hacer las compras o la ante-sala de una confrontación por el agua. Una tos por parte de mi madre puede ser solo un acto normal y común, o una preocupación constante que no me dejará dormir por días. Creo que se entiende el punto que intento marcar; la cosa es que con mis amistades, sean “íntimas” o casuales, también me pasa algo similar. Siempre me gusta decir que no es justo para nadie, y de paso no es correcto, medir las amistades en un “Ranking”, mucho menos comparar personas entre si para valorarlas y decir “Tal persona es mejor que…”, pero en el mundo real si hay unas diferencias básicas y universales en las relaciones humanas sociales. En el caso de la amistad yo creo que hay tres, la gente conocida/contactos , la gente amiga, y la gente con la que se tiene una amistad íntima/profunda. Es decir, si tengo que poner las manos en el fuego será por mis amistades íntimas; el resto a pesar de que son amigables no están en ese plano tan especial como para “entregar mis manos”. Estas diferencias no tienen nada de malo, la naturaleza humana es así. Cada mundo es una persona, y eso también aplica a la forma que tenemos de relacionarlos ó reaccionar a distintas personas. No tiene nada de malo tener una amistad superficial o casual con alguien, así como tener una amistad íntima/profunda no tiene la seguridad de que no habrá problemas o similares.

En momentos duros como los que estoy transitando, sobreviviendo, mis amistades profundas se notan, su fulgor es algo que en cierto modo me aterra porque me parece algo tan irreal, tan increíble poder haber conseguido, topado, encontrarme, con personas a las cuales les genero ese deseo de tener y ser amistades tan importantes. A veces siento que no doy la talla para lo bien que me tratan tanto hombres como mujeres, personas maravillosas que me han dado una gran ayuda psicológica cuando realmente lo necesitaba. Me ocurre muchas veces, y sé que muchas otras personas podrán decir lo mismo, que prefiero callar mis problemas o malestares para no arruinarle el día a una amistad, o simplemente para que no esté preocupándose por mi a lo largo del día. Personalmente sufro mucho cuando una persona que quiero y estimo la está pasando mal, y siempre que puedo intento ayudar al límite de mis posibilidades para cambiar su situación; sin embargo es algo que a mi no me gusta generar en mis personas queridas porque me hace sentir un poco peor saber que estoy robándole pensamientos a otra persona que quizás está pasando por un buen momento.

A todas esas personas tan especiales quiero agradecerles, nuevamente, por acá. Sé que varios me leen y eso, a pesar que me intimida un poco (A veces me cuesta mucho expresarme cuando me pongo muy sentimental), también me agrada porque sé que cuando yo no esté acá en este mundo, podrán regresar a estas notas y sonreír. Pienso constantemente en todo lo bueno, personas, eventos, recuerdos y hechos; siempre tengo presente la gente que me quiere y que me hace bien, no solo en los momentos malos de la vida. Es durante los peores momentos que su brillo se hace más fuerte y eso me agrada. A veces me aíslo, es mi reacción cuando siento que estoy demasiado mutilada mentalmente y no quiero arrastrar a nadie más, mucho menos personas que quiero. Pido disculpas por eso, sé que a muchas de mis amistades no les gusta eso pero soy así, al menos por ahora, quizás cuando esté más viejita y con más coraza pueda tolerar todo con más resistencia.

Así como todo lo positivo reluce durante estos tiempos oscuros, también no puedo evitar notar elementos grises o de plano negros, en personas muy cercanas. No quiero dar nombres porque no me manejo así en mi blog, y quizás nunca lo haga, pero si quiero contar un poco, ventilar mi mente un poco porque la verdad, tengo demasiado peso y mientras más pueda liberar mejor.

En el 2017 me topé con el lado oscuro, un lado negativo, de una persona a la cual quiero mucho y aprecio bastante. No fue un elemento de esta persona que me tomara por completa sorpresa, ya que me había mencionado que tuvo un pasado relacionado a violencia y similares, por lo que yo tenía una vista previa mental de que podía llegar a ser, bajo condiciones especificas, una persona irracional y quizás violenta. En el 2017 me tocó, por culpa de un error de computadora, mirar a los ojos a ese lado de dicha persona. Una mirada de enojo, odio, y ganas de arrancarme la cabeza. De sus labios brotaban frases hirientes, cargadas de resentimiento y hambre de golpear. Y a pesar de que sentía cierto temor, mi mayor sensación en ese momento era de decepción. Me sentía molesta conmigo misma por ponerme en esa situación, de haber tenido razón sobre esa leve sospecha que llevaba un par de años formándose gracias a gestos y respuestas/reacciones. Todas sutilezas o detalles que van marcando la vida conjunta que se tiene con otra persona, sea en términos de amistad, compañerismo, o cualquier otro ámbito. Suena muy injusto quizás, pero donde más se centra la mente en momentos duros es en aquella gente que consideras, que sabes y que sentís como amistades profundas, y es allí donde el tema de los detalles asoma su preocupante naturaleza.

Hace no mucho tiempo, le recomendé a una de mis amistades que hiciera algo, con el único objetivo de ayudarle a futuro ya que era un bien que esa propia persona se hacía a largo con algo básico pero que quizás no tenía en cuenta por ser algo nuevo para dicha persona. En ese momento, casi al instante, me respondió que me callase, porque y cito: “No haré eso.” ; hace poco me contó que está haciendo eso que yo le recomendé, pero no por mi consejo (Cosa que ni mencionó ni rectificó), si no porque le nació una necesidad de dinero por intermedio de una tercera persona. Al mencionarle, y decirle “Me duele un poco que lo hagas ahora y no cuando te lo mencioné”, me respondió excusas y razonamientos que a pesar de ser válidos , no son la respuesta que ameritaba mi reacción. No quiero que se me mal entienda, no es que quería que me haga un tributo o un sacrificio humano; yo me puedo equivocar en mis consejos como cualquier otra persona; pero incluso en el error se debe apreciar a la otra persona que se dice querer, por una simple cuestión de cariño & perspectiva. Te estoy dando un consejo para tu futuro y no solo me respondes como si te hubiese insultado, si no que además después lo haces solo porque aparecieron un par de piernas con hambre de telenovela y drama barato.

Un chiste a mi me lo tomó como un insulto/burla digno de responder con un simple “Adiós” y regresar solo al día siguiente; pero ante las piernas es un “jaja xD”. Pero claro, no es que sean piernas, es que es “otro contexto”, o al menos esa fue su explicación.

Es repugnante cuando una persona que conoces durante años, con la cual pasaste muchas cosas y tiempo, de un momento al otro se transforme en un garabato de si misma solo porque aparecieron genitales ajenos en su vida y ahora, de repente, todo es diferente. Lo más difícil es que la otra persona, enceguecida por su ego y falta de experiencia, puede pensar que hay celos, o envidia, o cualquier otro elemento similar, y no se da cuenta que la queja no es de sentires, es de moral, de respeto. Imagino que es un caso de tener códigos, de comprensión a nivel racional y sentimental respecto a como se aprecia y valora una amistad, un lazo, o un sueño.

La amiga que regresó, es un claro ejemplo de lo que es tener códigos. Una persona puede equivocarse, en cualquier nivel, pero cuando hay códigos y ese elemento humano de por medio, una persona puede hacer que esos errores sean aprendizaje, experiencia. Un elemento reparador y que sirve para crecer como ser humano, y de paso para no dañar a las personas que se valoran, o en todo caso, no quedar como un ente que es fácilmente manipulable por cosas superficiales y temporales, persiguiendo intereses ajenos solo porque siente “cosquillas” en la barriga como si fuera un infante. La vida real no es para cualquiera, pero si se decide por perseguir telenovelas cargadas de drama y mentiras, una persona nunca logrará apreciar lo realmente importante de la vida, y eso además de ser doloroso para las personas amigas, también es un espectáculo desagradable.

Esta amiga me hizo ver hace no mucho, sin darse cuenta ella (o quizás si, quién sabe), que me dejé amoldar por criterios y concepciones de amistad no saludables. Ignorar detalles o gestos tóxicos, peligrosos en una amistad solo por la antigüedad o por una cuestión de Mártir, no es lo ideal porque lo único que generará, al final, es dolor y una irrecuperable pérdida de tiempo.

No responder una pregunta, cambiar de tema, tener gestos y acciones con una persona que no se conoce ni hace seis meses pero con una persona que se conoce desde hace años no tenías, o peor, que hace menos de seis meses decías y hacías cosas totalmente opuestas a lo que haces ahora o decis ahora, solo porque hay un par de piernas de por medio (Que dicho sea de paso, da igual las formas o tamaños, lo que se critica acá no es el “Que” es el “Por que”). Mostrar señales opuestas, o no mostrar interés genuino en iniciar una charla solo porque hay algo que consideras importante por motivos superficiales; eh incluso, y creo que esto es un punto importante: cuando le decis a una persona que está transitando un chiste, un cuento que es más común que la propia tierra, que la van a terminar cagando y habrá perdido, dinero, tiempo, e ilusiones… y tal persona insiste, desechando cualquier cosa que le decis como si fuese una molestia sin importancia… todo eso, y más, son detalles/gestos que marcan un punto importante, no negro y negativo. Doloroso quizás.

La experiencia es algo duro de conseguir, no es para todos. Las mejores cosas nacen del dolor y el horror, a veces para bien o a veces para mal; pero si una persona se aferra a su terquedad, a su ego, a su libido, o su sencilla estupidez; esta es una persona condenada, ya que no quiere aprender y solo hace lo que le conviene cuando le conviene.

No sé qué me depara el futuro próximo, de hecho no sé si seguiré teniendo un techo a fin de mes; pero lo que si siento que estoy logrando es que estoy aprendiendo, auditando todo lo que me rodea y a todos los que me rodean, en persona, a distancia; y por sobre todos, a mi misma.

Tal como dije antes, tener una amistad íntima/profunda/personal con alguien no significa que esta amistad esté libre de problemas, inconvenientes, dudas, dolores, etc. Tener tal grado de afecto para con otra persona hace que todo lo que surja de esa conexión sea más fuerte y más significativo, tanto lo positivo como lo negativo. Encontrar el balance y obtener la sabiduría para saber diferenciar entre algo leve y algo grave es difícil cuando de por medio hay un lazo semejante, y solo podemos depender del tiempo para saber si las decisiones que tomamos, incluyendo los riesgos, fueron adecuadas o equivocadas. Estos últimos años he notado muchos elementos así, este año en especial, elementos negativos o decepcionantes de algunas amistades que para mi son sagradas. Siempre intento expresarme en el momento que detecto esto para solucionar o encontrar un punto medio con la otra persona, en pro del bien común de la amistad; incluso si yo misma tengo que modificar actitudes o nociones para que no se deteriore o sufra la propia amistad. Casi siempre sale bien, otras no; pero hay algo que siempre está y estará por siempre, ya que es uno de los pilares fundamentales de cualquier relación sana entre dos seres humanos, y eso es el elemento humano. (La química entre las dos personas, el cariño, el respeto, y todo lo demás que compone una amistad verdadera)

Es aquello que te hace brotar de tu interior esas ganas de perdonar, entender, comprender, reflexionar, hacer lo que haya que hacer para estar bien con la otra persona, que la amistad esté sana y cuidada para que ambas personas puedan disfrutarla, es su creación y su patrimonio. Con todas mis amistades personales, íntimas, o profundas, me nace eso; si se mandan alguna macana o si me hieren incluso, en el mejor de los casos no se enteran (Lo cual me facilita mucho las cosas para poder adaptarme), y cuando se enteran, siempre abogo por hablar (Siempre y cuando sea el momento adecuado) y encontrar ese balance para poder seguir adelante. Sé que yo también, al igual que cualquier persona en este planeta, tiene defectos y me puedo mandar macanas con gente que quiero; seguramente he lastimado más de una vez a más de una persona por mi forma de ser tanto en el pasado como en el presente. Sé que habrá casos donde ni me enteré pero que quizás, causé algún ataque de ira, frustración, o llanto. Nadie se salva de cometer eso, y es justamente ese el motivo por el cual en una amistad real las cosas son tan naturales, porque una puede comprender y adaptarse ya que está tratando con otro ser humano, real y sin disfraces de por medio que puedan ocultar muchos aspectos necesarios para que todos estos fenómenos se den.

Siempre estoy dispuesta a hacer una nueva amistad, pero cada día estoy más paranoica y cautelosa de toparme con personas falsas o similares. Supongo que es algo que te da los años y las malas experiencias, sean propias o ajenas. De cualquier modo me siento feliz de poder contar con un selecto grupo de amistades personales, las cuales sé que están ahí y son reales, independientemente de las circunstancias, distancias, o incluso los grados de fidelidad. Ojalá llegue el momento pronto, donde pueda ser el soporte para todas esas amistades, el soporte que muchas de ellas se merecen y que me haría muy feliz ser. No puedo ver mi futuro, y mi presente me aterra demasiado como para estar totalmente consciente de ello, pero quiero intentar, ojalá pronto se me den las oportunidades que requiero. A mi, y a todos los que nos merecemos tal revancha ante años de abusos y tiempo incinerado.

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