La radiante luz irradia mi retorica
El par de ojos, dos canicas aparentemente negras
El pelaje es testigo de una tragedia
El tintineo de las uñas es la perdición del secretismo
Ella es demasiado pequeña para la proeza de la sutileza
Su anaranjado se torna dorado a ratos
Su dorado se sumerge en cobre, su mirada calma
Las cuatro almohadillas marcan la etapa de la más bella.
Su compañía, siempre fiel y curiosa
Bajo penumbra cual oscuro recuerdo
La curiosa e intrépida de turno
Bajo su mirada ambos sentimos la conexión
Cala profundo la paz, su cabeza busca un respaldo
Enemigos dóciles son la molestia de la tarde
En todo hay oportunidad, nada la desmotiva
No conoce la palabra “no”
El ruido de los muertos inquieta, no conocen de su fatalidad
Persiguen su propia cola, cazadores itinerantes.
Sus verdugos pagan la cuenta
Cuando termine la fiesta, será observada por fantasmas.
Ella; impoluta, es invulnerable
Sus cabellos no sienten las garras del engaño
No hay decepción en su mente, solo lealtad.
La ironía es inmensa para tan pequeño ser.
Su calor reconforta la voluntad, más que cualquier elixir.
Los jóvenes no la ven, los adultos no saben, solo los viejos.
De todos, solo una, solo ellas dos, comparten el lazo rojo.
Inseparables, desafortunadas, pagan por errores ajenos.
El mundo de dos, su salvación impertinente:
Insobornables, pero frágiles, ella es la mejor.
El día de su partida todo será más gris.
Marcará el comienzo del final.
“Pamela”, escrito el 4 de diciembre del año 2017.

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