Pamela

La radiante luz irradia mi retorica

El par de ojos, dos canicas aparentemente negras

El pelaje es testigo de una tragedia

El tintineo de las uñas es la perdición del secretismo

Ella es demasiado pequeña para  la proeza de la sutileza

Su anaranjado se torna dorado a ratos

Su dorado se sumerge en cobre, su  mirada calma

Las cuatro almohadillas marcan la etapa de la más bella.

Su compañía, siempre fiel y curiosa

Bajo penumbra cual oscuro recuerdo

La curiosa e intrépida de turno

Bajo su mirada ambos sentimos la conexión

Cala profundo la paz, su  cabeza busca un respaldo

Enemigos dóciles son la molestia de la tarde

En todo hay oportunidad, nada  la desmotiva

No conoce la palabra “no”

El ruido de los muertos inquieta, no conocen de su fatalidad

Persiguen su propia cola, cazadores itinerantes.

Sus verdugos pagan la cuenta

Cuando termine la fiesta, será observada por fantasmas.

Ella; impoluta, es invulnerable

Sus cabellos no sienten las garras del engaño

No hay decepción en su mente, solo lealtad.

La ironía es inmensa para  tan pequeño ser.

Su calor reconforta la voluntad, más  que cualquier elixir.

Los jóvenes no la ven, los adultos no saben, solo los viejos.

De todos, solo una, solo ellas dos, comparten el lazo rojo.

Inseparables, desafortunadas, pagan por errores ajenos.

El mundo de dos, su salvación impertinente:

Insobornables, pero frágiles, ella es la mejor.

El día de su partida todo será más gris.

Marcará el comienzo del final.

“Pamela”, escrito el 4 de diciembre del año 2017.

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