Los recipientes son la victima del abuso.
Sus carceleros, impunes y deliberantes.
No poseen nada pero creen dominarlo todo.
Su enanismo mental solo se iguala a su pericia maligna.
En esta partida no hay tableros, ni peones ni reyes.
La memoria de los fantasmas del pasado son los únicos testigos.
Las paredes se olvidaron, las baldosas no vieron.
El silencio es la más letal de las defensas.
Mis compañeros de equipo son torpes, ruidosos, autistas.
Su arte de vivir padeció por culpa de sus pecados.
Sombras del pasado son la única motivación.
La información es la dama más sensual.
El terreno es árido y pantanoso.
No por voluntad de Gea, sino por culpa de sus verdugos.
Parásitos, vástagos de una casta insalubre.
Bañados en ego y rencor hacia la vida.
Ignorantes de su destino final, continúan.
Sin reglas, solo la comodidad del momento.
Sin cuarteles como tal, solo la paranoia.
Cuando caiga el sol todos perderán.
La derrota es sacra y no discrimina
La antítesis de la facilidad
Caminando en círculos, tropezando día y noche
Viajeros de la ironía más grande.
Solo su mirada y su abrazo improvisado, nada más.
Mi dosis diaria de lobotomía.
La bóveda contiene todos los susurros y cabezas.
Los pasos se ralentizan con el pasar de los mares.
No conoce Dios la tierra maldita.
Ella sí a él, su mejor mensajera.
El barco sin bandera será el primero en llegar.
En un mar de área existen muchas botellas.
“Tarde”, escrito el 4 de diciembre del año 2017.

Deja un comentario