Rodeada de sombras me encuentro.
Un laberinto de locura guía mi saber.
Las horas cada vez pasan más lento, mi cuerpo lo sabe.
El ruido de las bestias entra por los huecos.
Mi cuello ondulea en un baile por más aguante.
Aire saturado por silencio, memorias inundan el espacio.
¿Tan lejos me hallo?, mi sepulcro será color café.
No temo puesto las cuatro patas cuidan mi espalda.
Ni siquiera los sueños se atreven a tocar mi grasa rosada.
Los mayores sobreviven, admirables.
De lejos todo parece lindo, pulcro y sacro.
La inmundicia se oculta, la locura también.
En el mundo de los peces solo importa comer.
Triste vida esa, ¿Hay otra que pueda elegir?
Mi autobus no se detiene, y no conozco mi parada.
Mi pelotón es único para mi, inseparables.
Tristes son nuestras discuciones, necesarias.
Corazones acorazados, intocables.
Donde antes eran tres, hoy son cinco, invaluables.
Nucleo duro de espinas y algodón de azucar.
Inmuerables memorias de antaño.
Incontables retos superados.
Muchas y tristes victorias manchadas de derrota.
Entre tantas abominaciones humanas y sus actos…
El pelotón nunca pereció; se afianzó, aprendió, y se movió.
La lana contará nuestra historia.
Grandes proezas de locura que aterran a los mortales.
Ni los dioses se animan a tanto castigo en nombre del honor.
No existe panteón lo adecuadamente grande.
Las leyendas viven en el Cosmos.
Escrito originalmente el 11 de mayo del año 2018.
[Este artículo pertenece a la sección: /Artes Literarias]

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