Su mochila, reflejo de tiempos hoy dorados y desvaríos caóticos.
Su mirada, intrínseca; llena de potencial y claridad aparente.
Su pasado, normal y amoldado a un desvariado planeta.
Su memoria, matriz de tormento y despropósito exquisito.
Sus mensajes, catalizadores de entusiasmo y expectativa.
Su voz, un conejo blanco impuro y cargado de temor.
Su esperanza, oculta detrás de sus ideas, prisionera de sus contradicciones.
Su amigo nuevo, humilde y sincero, su ignorancia en las gesticulaciones y ritos de la amistad: Inexistentes.
Su compañero, una armadura sin Principe ni caballo.
Un mundo de problemas en su bolsillo y arena en sus botas.
Su compañía, el enojo del terror, la voluntad de lo conocido.
Su victoria, transgredir sus cimientos y volar hacia lo que podría ser.
Su pecado, su ser, su confusión.
Su verdugo, el tiempo con su brebaje mágico.
Su salvación, ignorada ante las luces del espejo.
Su voluntad, dispuesta a jugar un partido de ping pong con ella misma, sin mesa ni pelota.
Su recompensa, efímera y burda.
Su compasión, perdió la sabiduría de la locura.
Su caminar, convertido en un trote desequilibrado y soez.
Su pulso, añejo y frágil.
Su abrazo, rancio y reconfortante.
Su malestar, deformado y detonado por su actuar.
Su abdomen, cual montaña rocosa, tímida pero atractiva.
Su paso, transformado en una bestia de hierro y goma por pies.
Su sonrisa, una memoria profana y perturbadora.
Su apreciación, asertiva y paranoide.
Su temor, creciente e intransigente.
Su día, un garabato de su propia manía.
Su noche, un pecado para los sentidos y su honor
Su interés, una fractura abisal hambrienta por atención.
Su afecto, caos.
Su final, predecible, anunciado, repetidor, lastimoso.
Su caída, decepcionante. Báthory se fué, Thorko ya la olvidó.
Escrito el 5 de diciembre del año 2017.
[Este artículo pertenece a la sección: /Artes Literarias]

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