Su presencia genera discordia en los adversos.
Su voz pasible y cargada de experiencias.
Su memoria caprichosa no olvida los rencores pero si la rutina.
Su trayectoria nebulosa y cargada con munición pesada.
Su descendencia, comodines vencidos y diluidos.
Su clan tan solo es una ilusión para terceros ajenos a la tierra.
Caín y Abel batallan día, día y noche.
Sin arenas ni armaduras, su mediocridad es su cresta.
Prisioneros mucho son, no todos neutrales.
Lógicas reaccionarias y viscosas, la corona es la estupidez.
En este continente de eyes y reinas todos comen pan y toman agua.
Los lujos son efímeros y pertinentes a la ilusión maníaca.
Los esbirros se regodean en su propia inmundicia
El sol trabaja para controlar la peste, la noche es el sedante
No es fácil, el ego de la ignorancia es fuerte en los entes grises.
Su ira, patética y redundante.
La locura es contagiosa, la peste es muy abundante.
No hay balas ni explosivos, la sangre mala abunda.
Los combatientes pubertos no pueden ver el futuro
Son incapaces, ciegos leprosos con su cerebro en las manos
El tiempo es sabio y no perdona
Malas o buenas acciones son ajusticiadas a todos
Lo que se hace y lo que no también
Las leyes del cosmos son inaludibles
Cuando en las trincheras el hambre reine supremo
Los espectadores gladiadores estarán lejos.
La casta se comerán entre ellos, la tierra manchada de odio está.
No hay descanso para los malditos.
El final de la historia llegará, nada quedará.
Las festividades del recuerdo serán privadas y personales
No habrá cohetes ni copetín, el arlequín sobará su barriga.
El cosmos, supremo comandante de la justicia y el orden del caos.
Escrito originalmente el 6 de diciembre del año 2017.
[Este artículo pertenece a la sección: /Artes Literarias]

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