Despiertame cuando la pesadilla termine.

A mediados de este año llegó algo que no esperaba volver a vivir, algo que llegó de manera brusca y tosca, como si no fuese algo importante, o algo relevante para la vida de alguien. El frio que transmitía esas letras impresas en las oficinas de alguna oscura esquina, de alguna calle mugrosa, repleta de gente en trajes jugando a ser Dios con el destino de muchas personas que son lo suficientemente tontas como para meterse en líos judiciales, ya sea por voluntad propia, o por voluntad de alguien más. Un aviso de desalojo era un concepto nuevo para mi en aquel entonces, no tenía ídea de que algo asi pudiese llegar a nuestras vidas cargadas de ocio y diversión. Daré un breve resumen de todo lo que llevó a esta situación, para que quien lea esto, comprenda como empezó todo esto: (Nota: Si bien estos últimos meses estuve informandome lo más posible sobre la cronología de eventos desde comienzo hasta el día de hoy, hay muchos trechos oscuros, donde no puedo conseguir respuestas de ningún lado, ya que es información que está en archivos y hojas ocultas en algún archivero en Comodoro Py (Un lugar donde se manejan todos estos asuntillos legales). Por lo cual, intentaré ser lo más clara y especifica posible, pero no tendré un 100% de afinidad a la hora de dar detalles en cuanto a fechas, orden de sucesos, y tal.)

Alrededor de los comienzos del año 2000, mi madre conoció de algún lugar a un hombre que pretendía vender un Departamento ubicado en el barrio de Caballito, dentro de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Una unidad no muy lujosa, de echo, bastante mediocre. Un dormitorio, un baño, un Come-Living (Mezcla entre comedor y living), una cocina en forma de mini pasillo, y un patio. El patio dividido en dos partes: Una cubierta y otra no. La parte cubierta anteriormente tenía un techo retraíble. Para hacer el cerramiento, alguien (No sé quién), tuvo la “Brillante” idea de desplegar el techo y tirarle membranas encima, luego hacer abajo de ese mamarracho de trabajo, otro techo pero de maderas claveteadas, y para sostener toda esta mounstrocidad, en algunos extremos de la “obra” se le puso unos fierros. Como era de preveerse, ese techo mugroso no duro mucho hasta que se llenase de agujeros, provocados por la propia inercia de la membrana y por las cosas puntiagudas que tiraban los vecinos de los pisos de arriba del edificio. (Dardos, piedras, algodones con sangre, cigarros, juguetes, corchos de vino, tapas de cerveza, y hasta mates de madera, con bombilla y todo).

Este señor le vendió eventualmente, en los comienzos del año 2002, el 50% del departamento a mi Madre, diciendole que el otro 50% se le tramitaría eventualmente, ya que la mujer (Esposa del hombre este) había fallecido y había que tramitar unos transpasos para que se pudiera firmar el otro 50%.

Como se imaginarán, yo era una pebeta, muy jóven, si mal no recuerdo tenía alrededor de 12 años, recuerdo que estaba en tercer grado de primaria cuando llegamos. Para mi, era una mudanza más, desde que habiamos llegado de Tucuman todo había sido viajar de un lugar al otro, desde un hotel de mala muerte, a otro de menos mala muerte, hasta un conventillo cargado de sexo y suciedad, hasta el famoso departamento, el cual para mi era como embarcarme en una travesía para descubrir los oscuros secretos de sus antigüos propietarios, ya que encontraba por ejemplo una maceta y me preguntaba cómo había sido la historia de dicho objeto…. lo sé, tonterias de niña.

Al llegar (Hablaré desde mi perspectiva), me encontré que una persona viviría ahí con nosotros, por tiempo indeterminado, un hombre viejo, barbudo, con la típica ropa de viejo, con el típico olor, y la típica boina color marrón caca. Era el hombre que había vendido el 50% del departamento a mi madre. Sin darle más pensamiento al asunto, ya que en aquel entonces no pensaba, era una bolsa de carne y huesos que solo intentaba entretenerse lo más posible dentro de sus limitadas posiblidades. Comenzamos a vivir en ese lugar, mi rutina era despertarme, ir al colegio y volver a casa, para jugar con mis pocos juguetes y luego cenar. No hablaba mucho con el hombre, mis padres hablaban lo justo y necesario, a veces mi padre hacia turnos extra hablando, de fútbol o cosas así, pero seguramente hablaron de otras cosas. Lo que si recuerdo es que este hombre le pedía números a mi padre, para apostar en la quiniela, al igual que apostar en caballos, ya que por alguna razón él pensaba que mi padre tenía mucha suerte con los números, y siempre acertaba aunque sea 3 de los 6 números. No recuerdo bien en qué fecha fue, pero llego un momento que las cosas se pusieron hostiles, mis padres me pedían que no hable con este hombre y poco a poco, y de manera rápida, el departamento se encontraba dividido en dos partes: Nosotros y él. El recuerdo más fresco que tengo de esos sucesos, es uno en el cual mis padres y yo estabamos en un sofá, los tres juntos y del otro lado estaba este hombre junto con otro más, un amigo de él imagino, discutían, no recuerdo de qué. Lo que si recuerdo, es que eventualmente alguién llamó a la policia, vinieron y ahi fue cuando me enteré de que las cosas estaban divididas. Mis padres no querían estar con ese sujeto, argumentaban que los quería estafar y que era un “Sin vergüenza”. Los oficiales de policia que estaban ahí, preguntaban cosas como:

“¿Y qué van a hacer cuando quieran ir al baño?” (En respuesta a que mis padres decian “Nosotros nos quedamos de este lado y que él se quede de ese lado. El lado que le tocaba a ese hombre contenia una habitación y el baño, además de la mitad del living).

Mis padres respondían:

“No importa, lo hacemos en un balde”. (Sin comentarios, pero entendible dada la situación y el enojo que tenían).

No recuerdo bien la resolución que habian proclamado los oficiales, pero si recuerdo que esa noche los dos hombres durmieron en su habitación y nosotros en la nuestra, mientras que mi padre vigiliba desde la cocina todo el living, donde teniamos muchas cosas que nos pertenecian. Como mi madre había pagado todas las deudas que tenía el departamento en cuanto a servicios (Agua, gas, Luz), y además habían llenado las despensas de comida (Azucar, harina, etc, etc), mi padre les prohibía usar dichos elementos, ya que venian del bolsillo de mamá.

No recuerdo cuanto tiempo paso en este estado de sitio, pero luego ambos hombres se fueron para no volver. Y mientras yo pensaba que se habían ido porque nosotros habiamos “Ganado”, en realidad solo era el comienzo de un proceso judicial que causaría interminable angustia, enojos, y miedos a mi familia. Además de ser longevo.

No recuerdo la fecha, pero una vez a la tarde llegó la policia a casa, eran varios hombres y en casa solo había un niño con su padre, que esperaban de manera ansiosa el regreso de la mujer de la familia.

Mi padre me instruyó en que debía contestar alzando la voz, sin abrir la puerta ni nada. Decir que estaba solo y que “solo era un niño”, que mis padres no estaban y que no sabía cuando irían a volver. Mientras yo vociferaba todo esto, mi padre a mi lado izquierdo, oculto en la cocina me decía qué decir en voz baja. Del otro lado, un grupo de varias personas, entre los cuales había oficiales de policia y hasta un comisario, intentaban convencerme de abrir la puerta. No sé cuanto duró, pero eventualmente los oficiales retrocedieron y se fueron, y yo, acompañada de una confusión total, no sabía si sentirme bien o mal, solo veía a mi padre semi contento por mi actuación.

Está bastante claro qué había pasado, pero solo hoy, antes para mi era un misterio. Era un comité de desalojo en nuestra contra, que intentaban sacarnos de un lugar que nos pertenecia en un 50%.

Mis padres siempre han sido bastantes cerrados con estos temas, y era comprensible, ¿Qué propósito tendría contarle toda la situación y detalles legales a una niña de menos de 15 años?. El tiempo transcurrió y nadie más vino con ningún policia. Solo existian las ocasionales preguntas de mi padre como “¿Qué te dijo el doctor?” y “¿Ganamos o no?” y cosas así. Claramente se refería al juicio que estaba desarollandose en el fondo de nuestro día a día. El juicio tuvo idas y vueltas, la historia que a mi me contaron, entre abogados y la pésima memoria de mi madre, es que al principio habíamos perdido, ya que por eso habían conseguido mandar una orden de desalojo, luego ganamos y se consiguió una condena, la cual no se pudo hacer efectivo ya que los imputados usaron el beneficio de la “Probation” para poder salirse del peso de la Ley. Luego de eso, hubo alrededor de 7 meses en los que nuestro abogado de aquel entonces (Ya no es más nuestro abogado porque se tenía que jubilar) no presentó en tiempo y forma una apelación para poder comenzar con el juicio de nulidad de escritura, para poder escriturar al 100% el departamento en nuestro nombre. La otra parte aprovechó esto, falsificando una escritura por el 100% (Utilizando a una mujer para hacerse pasarse por la fallecida en el año 2000), engañaron a un escribano y consiguieron dicho papel. Es ahí donde consiguen nuevamente una orden de desalojo, que fue la que llegó a mediados de este año, La primera de las varias que llegarian al menos.

Según tengo entendido la otra parte (Vease, el grupo fomentado por el hombre que nos quizo estafar la primera vez), son varias personas que se vendieron el departamento entre ellos para viciar la escritura y conseguir fácilmente una por el 100% del inmueble. Si bien me gustaria poder hacer un cuadro detallado, no para el blog si no para mi, no podría ya que hay muchos datos que no sé y que realmente tampoco sé donde conseguirlos, ya que el ex Abogado está asesorandonos, y en el medio hubo una abogaducha recién salida del horno que nos estafó por una suma muy grande de dinero, presentando papeles que estaban super atrasados, los cuales cualquier abogado sabría que no tendrían exito (Vease, un recurso extraordinario), y luego de eso, nos pidió más dinero para presentarlo de nuevo, algo totalmente deshonesto y una conducta estafatoria terrible. Como fue recomendada por nuestro Ex abogado, no pensabamos que pasasé algo así, y si bien hubo grandes señales de que algo estaba oliendo mal (Como por ejemplo, cuando le quise hacer preguntas me respondió “A mi no me gustán los interrogatorios” de manera despectiva y agresiva), o que por ejemplo no daba recibos sobre ciertos pagos que mi madre le daba, no se pudieron utilizar ya que mi madre confiaba en ella y yo no me había empapado del tema aún, le tenía resquemor. Cuando pidió las sumas altas de dinero, yo le plantié a mi madre que lo consultase con otro abogado, pero ella se negó porque pensaba que seríá una muesta de falta de respeto por la abogada….. semanas después nuestro ex abogado se enteró y enloqueció, ya que la maniobra que estaba haciendo la abogada era claramente una estafa. Por un tiempo nos aconsejó que no le dijeramos nada a la abogaducha, ya que ella tenía todos los papeles del caso y si llegabamos a “detonar” su lado de histérica (La cual era muy fácil, ya que si yo lo hice sin decir nada prácticamente, decirle que nos estaba estafando o peor aún, pedirle explicaciones sobre sus accionares legales en, supuestamente, nuestro favor, la mujer explotaría en un hongo atómico del tamaño de Buenos Aires), ella podría hacernos daño perdiendonos los papeles de la causa o cosas similares, por lo que por ese tiempo (Apróximadamente unas dos semanas), mi madre y yo nos comunicabamos con ella, para monitorear si hacia algo de lo que ella decia hacer. Eventualmente llego el no va más, porque nuestro ex abogado nos había dicho que le envié un mail preguntandole por sus honorarios y lo que le debiamos, intentando disfrazar el correo de una manera inocente en plan de “Queremos saber esto para poder calcular y ver como hacemos para pagarle”, pero era más que claro que la tipa sabía que nosotros estabamos al tanto de su jugada y nunca respondió ese correo, más tarde nos enteramos que ella increpó a nuestro Ex abogado sobre el dichoso correo electrónico, a lo cual él le respondió mostrandole las fotocopias de los recibos que ella nos dió cuando le pagabamos. Ella simplemente se alejó. A todo esto cabe aclarar, que mientras todo estaba “bien”, nosotros nos comunicabamos con nuestro Ex abogado, no por una cuestión de ser pesados, si no porque él había trabajado en el caso casi unos 13 años, y él me dijo personalmente que consideraba una amiga a mi madre y que eran muchos años de trabajo, él no quería que nadie lo malogre o se mande “macanas”. Debido a eso, él se mantenia muy al tanto de los “Progresos” que hacía nuestra abogaducha, y cuando las cosas no salían bien (Veasé: la orden de desalojo que llegó y que la tipa no sabía como detener o posponer de manera indefinida), él se comunicaba con ella en plan de ayudarla, para que no nos perjudique su falta de accionar a nosotros de manera directa, pero ella se lo tomaba como que la estaban controlando, y hasta el punto que le dijo a mi madre “Él no es mi jefe”. Estaba bastante tocada la tipa, y estaba dando señales claras como todo aquel que lea esto se imaginará, pero como dije antes, la situación y desesperación que teníamos de no perder el lugar, que era nuestro hogar desde hace ya muchísimos años, todo eso combinado nos hizó pasar por alto señales muy claras.

Una vez acontecido lo de la fotocopia de los recibos, nuestro Ex abogado nos dijo que debíamos de buscar un nuevo abogado. Al principio teníamos en mente al abogado que tenemos en otro juicio, perteneciente a un accidente de auto, pero como es una rama distinta de abogacía, teníamos que buscar uno “Penal” (Si es que recuerdo los nombres correctamente). El abogado del auto, nos recomendó uno. Jóven, no le calculo más de 45 años, vivaracho, ágil, algo atractivo, y muy rápido mentalmente, al igual que intelectualmente. Con una personalidad muy contagiosa de actividad y energia. Como hasta ahora no revelé ningún nombre, ni pretendo hacerlo, solo me referiré a él como el Abogado del cafesito (Ya que cuando nos reunimos con él tomó un posillo pequeñito de café). El abogado del cafesito vino recomendado del abogado del auto, según nos contó era bueno. Mi madre se comunicó con él y nos contó que su tarifa de consulta era de $500, un lujo como dirían algunos, para nosotros era un gasto fuerte, pero después de haber perdido tanto dinero, era el doble de fuerte. No obstante, de nuevo, la desesperación de la situación nos hizo dudarlo poco y aceptamos. Nos reunimos en un bar de una esquina, cerca de las plazas que están frente a tribunales, lo esperamos un buen tramo de tiempo ya que al parecer estaba bastante ocupado. Mientras lo esperabamos nos encontramos con nuestro Ex abogado que pasaba, lo saludamos y él nos dijo que estaba haciendo unos trámites. Le dijimos que estabamos haciendo y partió a continuar con sus trámites. Luego de unas llamadas con el abogado del cafesito, apareció, nos saludó y entramos al bar. Mi madre intentó explicar la situación, como era de esperar no pudó. Intenté ayudar, lo cual estaba dando sus frutos pero mi conocimiento de todo era muy limítado debido a que no estaba totalmente empapado del tema, y solo tenía un papel que nos había escrito nuestro ex abogado para ayudarme, una especie de machete. Mi madre resolvió llamar a nuestro ex abogado por telefóno, aprovechando que estaba ahí cerca. Lo hizó y dió sus frutos, a los minutos apareció y lo guié hasta la mesita donde estabamos. Explicó y explicó, se pasaron tarjetas (Una costumbre bastante práctica entre abogados), y finalmente partió nuestro ex abogado, debido a que era requerido en otros asuntos. El abogado del cafesito nos miró y analizó la situación, tomó fotos de los papeles que teníamos que eran como resumenes de lo que pasaba, además de algunos recusos que se presentaron. Nos dijó claramente que, si se daba la situación, debíamos cumplir con la ley en cuanto al desalojo, ya que si nos resistiamos o haciamos algo similar, sería una mala jugada para nosotros en el futuro. Nos intentó tranquilizar, dandonos ánimos y si bien se nota ahora que era simplemente una cordialidad de su parte (Una cordialidad de $500), en aquel entonces parecía genuína y sincera, tanto así que hasta le agradecí el gesto ahí mismo. Cuando le entregamos el dinero, lo vi tomarlo sin contarlo, por lo cual le pregunté:

“¿No lo va a contar?”.-

Él me respondió:

“Cuando trato con gente honesta, no cuento el dinero”.-

Como se imaginarán, me cayó muy bien dicha respuesta. Él simplemente dijo “Debo pensar sobre esto, tengo intenciones de tomar el caso por ser una clienta de un colega amigo”, estas palabras me llenaron de optimismo, ya que estaba muy segura que sería un abogado muy competente y capaz. Más que nada por el hecho de que tenía el mismo tren de pensamientos que yo, es decir, miraba más allá del ahora. Con todos los abogados anteriores estaba la horrible intriga de preguntarles “¿Y qué haremos si pasa X cosa?”, siempre me preocupaba por todas las variantes de una situación y como solucionarlas. No digo que me ponía a pensar en como solucionar todos los problemas del mundo sin saber si pasarían o no, simplemente tener una ídea previa de qué hacer si pasaba lo peor, o lo muy peor, o lo terriblemente peor. Para no tener problemas al dormir y para poder despertarme sabiendo que estaba preparada, aunque sea un poco, para poder llevar cualquier variante de situación. El abogado del cafesito era el único que hasta ahora me respondía todo lo que le preguntaba y más, el pensaba (Si bien no a mi mismo nivel, algo entendible porque él estaba del otro lado de la mesa), el pensaba más allá de la pregunta y a veces adivinaba mi próxima pregunta.

Una vez el silencio empezó a invadir la mesa, se dió por terminada la “Consulta”, y los tres partimos por nuestros caminos. Mi madre estaba contenta ya que mi padre quería un abogado jóven y con ganas, ya que hasta ahora nos habían tocado puros viejos que no cumplían con las expectativas. El abogado del cafesito se había comprometido llamarnos por la tarde, después de revisar los expedientes de la causa, para dictar veredicto sobre si tomaría el caso o no. Recién a las 19 horas nos respondió los correos en los cuales le preguntabamos si había terminado o no. Nos mandó un mail largo, pero resumido era : “El caso tiene sus posibilidades reducidas al máximo. Mis colegas hicieron movidas que yo no hubiera hecho. Tiene muchos detalles y tomará mucho tiempo. No tomaré el caso.”

Me lo tomé muy personal, me tocó, por el simple hecho de que nos dijo prácticamente que estabamos perdidos, que la lucha era en vano, que había posibilidad pero era tan mínima que suspirar nos haría perder todo. Esa tarde no lloré, pero mientras leía el mail a mis padres, en cunclillas (Tenía mi silla en la mesa), casi se me cortó la voz. No de llanto, tenía ganas pero no pasó, tenía ganas de descargarme de cualquier modo, era demasiada presión, era como llegar a casa con una sonrisa y al acostarte tenías el sentimiento de la más horrible desolación y penuria. Mi padre me preguntaba si estaba preocupado, le respondí mal, no lo insulté, pero si dije que estaba preocupado y me burlé de su manera inocente y tonta de haberlo preguntado. Ambos, mi madre y padre notaron mi preocupación, y se que la entendían, porque la compartían, en ese momento no sabíamos qué haríamos, no sabíamos nada.

Lo único que restaba, era hacer lo mismo que hicimos cuando la abogaducha, una noche, nos dijó que los recursos que habiamos presentado habían fracasado y que era necesario poner más dinero, el cual no teníamos pero ni de por asomo. Lo que habíamos hecho en esa situación desesperante, luego de escuchar a mi madre preguntando a la abogaducha : “¿Y ahora qué hacemos, no tengo más plata para pagar?”

A lo cual la tipa respondió:

“No sé.”

Mi madre dijo “¿Cómo que no sabe?”, cortó y luego de mirarnos los cuatro (Madre, padre, yo, Pamela, estabamos todos en la cama escuchando con miedo la conversación), mi padre dijo “Llamá a el ex abogado”, a lo cual ahí nos dijo que había que buscar otro abogado y tal. Esta vez nos recomendó un nuevo abogado, nosotros con temor (Ya que él había sido quien nos recomendó a la abogaducha) escuchabamos. Un nuevo abogado entró al juego, el cual llamaré Dogo, porque tiene un temperamento de perro Dogo Argentino.

Dogo:

Esa misma noche mi madre se comunicó con Dogo, acordaron una entrevista lo más pronto posible (creo que fue al día siguiente). Cuando fuimos a Tribunales nuevamente para encontrarnos con Dogo, fue algo muy raro, ya que en parte me sentía decepcionada, de todo, la situación, los actores, y en especial, de la falta de preparación y el velo de ignorancia que me habían puesto mis padres sobre todo el asunto, y que yo misma me había puesto en parte por no averiguar e imbuirme en todo el asunto de lleno. Es decir, yo puedo comprender que me hayan querido proteger del estrés y las preocupaciones cuando yo aún era una chica de poca edad, pero ahora mismo tengo veintidos años, cumplí los 18 hace ya un tiempo considerable, si bien no es algo que yo pueda modificar directamente, si puedo aportar mi granito de arena para ayudar, algo que mis padres nunca consideraron. Es más, no lo digo por creída o por hacerme la sabelo todo, pero hasta ahora ningún pronóstico mío en cuanto a temas grandes ha fallado. Preveí que nos sacarían, preveí que algo mal andaba con la abogaducha (Aunque también tuve ayuda en llegar a ese veredicto), y también preveí algunos movimientos de la parte contraría, pero nadie me escuchó, y eso que lo vociferé a todo aquel que tuviese el poder de hacer algo, desde mi madre hasta los abogados, pero ninguno me tomó con seriedad, minimizaban la situación, ya sea con un “Vos no sabes si eso llegará a pasar”, o “Se verá cuando llegué”. Es un insulto para mi eso ahora, porque el egoísmo intelectual de todas esas personas nos salió caro. En cuando a las personas de mis circulos a las cuales les decía mis preocupaciones y minimizaban la situación para calmarme, no puedo enojarme, es decir, ¿Qué más harían?, darme la razón es algo que pocas o casi nadie hace, y creo que así es mejor, es decir, sin contra parte una lucha deja de serla.

Cuando llegamos a Tribunales nos dirigimos al bar de la esquina, pero no era ahí, esta vez nos tocaba caminar un poco más, a mitad de cuadra, a un bar un poco más modesto, y allí estaba, sentado leyendo el diario. Un señor mayor, con pelo en la oreja (No bromeo ni es metáfora, pelo de longitud mayor a la de una aguja de cocer), ojeras marcadas, un traje marrón clarito (No sé si será por que así es de fábrica o porque le dió tanto uso que quedó asi de clarito), y una voz muy clara, por no decir que también tenía una audición que dejaba mucho para desear, aunque entonando las palabras un poco elevadas el sujeto escucha pefectamente. Lo mismo de antes, se le contó todo lo que se pudo, de todos modos él ya había hablado por telefóno con nuestro ex abogado, para informarse de la situación. Mi madre le contó desde lo del desalojo, hasta lo de la abogaducha. Él escuchaba y analizaba todo, se mostró muy interesado en los accionares de la abogaducha, al punto de enojarse y decir en voz baja “La puta que la parió”, claramente enojado y perturbado por lo que le habían hecho a mi madre, y por lo que había hecho la abogaducha, claramente.

Luego de una larga charla, él nos dijo que tomaría el caso, nos dijo su precio inicial, y que luego hablariamos de cómo pagarle sus honorarios mediante mensualidades. También nos dijo que se ocuparía de ambos casos, y que haría todo lo posible para que no nos desalojen y para recuperar el dinero que nos había sacado la abogaducha. Yo me asombré mucho, porque al principio parecia un típico abogado dormilón que no haría nada, es más, hasta le costaba pararse y cosas así, que hacian pensar que en cualquier momento le daría un golpe al corazón y moriría en el acto, encima de su tazita de café. Sin embargo, para el final de charla desmostró estar muy atento, y tener una personalidad muy volatíl, pero no de mala manera, de buena, solo que si le tocan los botones equivocados, muerde. Nos pidió fé, nos dijo que estabamos remando contra marea y que sería una tarea ardua y larga, pero que tengamos buena fe que se haría todo lo que se pueda. Hoy en día esas palabras me parecen graciosas, no porque no se haya hecho nada, porque se hizo todo lo que se podía hacer. Me da risa porque ni él, ni yo pudimos preveer algunas de las cosas que pasarón y que ocasionaron la situación actual. Una vez que nos despedimos después de hablar un poco como seres humanos, donde me contó de sus años de experiencia y habernos explicado cómo es que nos estafó la tipeja esa, cada uno partió para su lado y regresamos a casa. No sé si fue una victoria, es decir, fue algo que había que hacer, y no volvimos del todo desanimados a casa, asi que se podría decir que fué una mini victoria.

Pasó la noche y las noticias llegaron, el abogado ya estaba trabajando en el caso, armando escritos para presentarlos y tal. Las siguientes semanas eran reunirnos con él, charlar y firmar los papeles que nos presentaba, esta vez nos hacía leer todo lo que firmaba mi madre, nos decía que si no entendiamos algo que le preguntasemos, nos decía claramente, punto por punto, todo lo que se estaba por hacer y para qué se hacía. Como se imaginarán, para mi era una calma total, y me llenó de optimismo, porque al fin se nos trataba como debía ser, como seres humanos, sin conocimientos legales, pero si con corazones. Este hombre, Dolgo, comprendía eso, sabía que teníamos un corazón y sentimientos, preocupaciones y tal. Las compartía y comparte hoy en día.

En aquellos tiempos (Hace un mes apróximadamente), lo importante era evitar el desalojo, detenerlo de alguna manera para evitarnos problemas. Se hizo todo lo posible, ya que teníamos muy poco tiempo, y ese poco que teniamos estaba en nuestra contra. La orden anterior fue detenida por 30 días, más tarde nos enteramos que el esposo de la abogaducha había llamado por telefóno al abogado de la otra, insultandolo y amenazandolo si no detenía la orden de desalojo (Todo esto dicho por el mismo abogado, el de la otra parte. La identidad de quién lo había llamado, el supuesto esposo de la abogaducha, fue algo que dedujó mi madre). A los 40 días apareció el oficial de justicia en nuestra puerta.

Fué a las 8:30 am del día Lunes 1 de Noviembre, toda la familia dormía, descansaba después de una semana de haber caminado por la mitad de CABA buscando refugio por si llegaba a pasar lo peor, mirando alquileres que sabíamos que nunca podríamos pagar, y hasta un empleo de caseros en un hotel, que nos darían una habitación para los cuatro, siempre y cuando trabajemos en tareas de limpieza y mantenimiento del hotel. Cuando llegaron fué todo un espéctaculo. El timbre sonó, yo me desperté y sabía en el fondo quién era, estaba clarísimo, se los venía esperando desde hace mucho tiempo ya. Mis padres empezaron a enloquecer y mi padre a vestirse rápidamente, mientras venía hacía mi gritandome “¡Bajá a paralos!”, de la manera más desesperada y apuradura que se puedan imaginar, él esperaba que yo evite que suban a la puerta del departamento para que no sea un escándolo, le importaba más la reputación con los vecinos que mandar a su única hija a enfrentarse contra un fiscal, dos abogados, tres personas de mudanzas, y un par de personas más, que vaya a saber quienes eran. Me vestí lo más rápido posible, y mientras me paraba para abrir la puerta (A la vez que me ataba el pelo), mi padre me empujó por la puerta y la cerró tras mío. El fiscal me increpó con una pregunta, explicando quién era y tal. Me pidió ingresar al departamento, y cómo la ídea (Por alguna razón que solo mis padres pensaron) era que no entren, les dije que no podía dejarlos entrar por orden del abogado. El fiscal, un enano arrogante, de cara colorada y actitud petulante, se enojó y mientras iba al ascensor decía “Llamamos a la policia y listo, si tu madre está en cama se trae una ambulancia para llevarla, paciencia tengo, lo que no tengo es tiempo”. Yo decidí permanecer en silencio, ganas de constestar no me faltaban, pero opté por el silencio ya que no tengo el suficiente conocimiento legal como para entablar una conversación con detalles legales y restricciones que él tiene para desalojarnos (Como que por ejemplo él no estaba autorizado a llamar una ambulancia, algo que nadie me dijo, solo nos decían los abogados que no la podían sacar de cama, pero nunca el por qué), y además, porque no tenía ganas ya, quería que el calvarío de acostarse pensando que mañana tal vez no tendríamos techo, terminase. Era una pelea constante por mantener el buen humor y la calma, nos estaba comiendo lentamente a los tres.

Tal como prometió, volvió con dos policias, y más gente. Esta vez mi padre los recibió, mientras yo mandaba mails a el ex abogado, y mi madre intentaba comunicarse con Dolgo, pero ambos no constestaban, nos sentíamos abandonados por todo el mundo. Mi padre intentó limitar el número de personas que entraban, pero el fiscal no le dió lugar, avalado por los dos oficiales de policia que estaban con él.

Entraron y analizaron el lugar, los de mudanza miraban qué tanto espacio necesitarían, el fiscal discutía con mi padre, y los policias estaban parados en la mitad de la sala, mirando alrededor por si había peligro…. Por supuesto que no lo había, tendré mis débilidades mentales, pero no soy estúpida. Reaccionar mal a una situación así, después de tanta lucha con mi madre por hacer buena letra y cumplir la ley, para que se cumpla del otro lado también, sería una estúpidez. Pasó un gran rato, mi padre intentaba convencer a los sujetos que eran muchas cosas y que necesitabamos más tiempo, mi madre estaba con muchos nervios en cama, gritandoles y haciendo un mini escándalo, yo me limitaba a cuidar que nadie se llevase nada de dinero o cosas simples, mientras que cuidaba a Pamela, teniéndola en brazos para que no ladre mucho o no muerda a nadie. Por alguna razón, el abogado aceptó darle 24 hrs a mi padre para que desocupemos el lugar, ya para este momento yo estaba guardando la PC, la había atado a Pamela, y ahora la volví a tomar en brazos porque sabía que todos moverían. Se sentaron en la mesa, el fiscal hizo el acta y mi padre, después de convencer a mi madre para que se calmase un poco, firmó el dichoso trato. Dolgo ya se había comunicado con mi madre y estaba en camino, pero el Fiscal decidió no esperarlo y partió. Antes de irse, un policia despistado quizo acariciar a Pamela, ella (Cómo era más que predecible) le tiró dos o tres mordidas que erraron gracias a que la retuve como si fuera una bomba, me rasguño la mano derecha, dejandome heridas que aún se ven en la piel. Luego de que partieron todos, y las aguas se calmaron, llegó Dolgo. Lo hice subir y se sentó, y mis padres le contaron todo lo que pasó. Mientras ellos hablaban, sonó el timbre, constesté y era el Abogado de la otra Parte, me dijó que estaba disposición para poder charlar con nuestro abogado si lo deseabamos. Le dije que espere, y le trasnmití el mensaje a todos, y ellos me respondieron que lo hiciera subir. Bajé nuevamente luego de decirle que ahi iba por él, subimos y ambos abogado, junto con un señor más que hasta el día de hoy no sé quién era (Unos decían que era el cliente, o sea, el que nos denuncia; pero también podía haber sido un abogado compañero de él). Charlaron largo y tendido, en el medio hubo un pequeño exabrupto debido a qué Dolgo dijo “¿Qué ofrece?” al abogado de la otra parte, momento en el cual el tipo misterioso dijo “Que se vayan, eso ofrece”, a lo cual Dolgo no reaccionó bien. Afortunadamente, el abogado de la otra parte parece ser una persona que respeta la cordialidad de un profesional, calmando a ambas personas y alentando a seguir con la conversación. Luego de un rato decidieron salir juntos a un bar para poder conversar de una manera más tranquila, sin la presión de tener tanta gente alrededor escuchando todo lo que se decía. Partieron y Dolgo nos prometió llamarnos durante la tarde (Eran alrededor de las 14 hrs) con las noticias de qué se había acordado.

Nosotros estabamos mezclados entre temor y alegria, porque si bien 24 hrs eran un tiempo super límitado, era un tiempo que podíamos usar para guardar lo más valioso nosotros en algún lado. Afortunadamente, la compañía de mudanzas que habían contratado de la otra parte, nos mandó un montón de cajas para guardar las cosas.(Un detalle que no expliqué antes, si nos desalojaban nos llevarían todas las cosas a un depósito en un lugar que ni la policia entra, por el tiempo de 1 mes, además, nos darían unos $1000 para ir a un hotel por un par de noches, todo pagado por la otra parte). Apenas se fueron ambos letrados, nos pusimos a guardar y acomodar las cosas para guardarlas en cajas más luego.

Luego de un rato largo de acomodar cosas, mi madre se había ido a provincia para acomodar allí, para llevar cosas ahí en un lugar que se había conseguido. Mi padre y yo estabamos acomodando cosas, las cajas ya habían llegado, asi que yo me ocupaba de armar las cajas y él de guardar las cosas, era una tarea ardua y labiorosa. Llegó un momento que me preocupe por Pamela, no quería que pase de nuevo por tanta gente extraña en su territorio, asi que decidi llamar a un viejo amigo para que la cuide por un par de días hasta que consigamos un lugar. Luego de un rato de armar cajas y tal, apareció en mi puerta mi amigo, bajé con Pamela sin decirle nada a mi padre, y caminamos un rato para charlar un poco mientras buscabamos una remisería. La primera que encontramos (Y la única de la zona hasta donde yo sé), no nos quizo aceptar porque no llevaban mascotas, ya que ensuciaban los asientos o algo así. Luego de eso, partimos hacía una avenida, en busca de una remiseria que mi amigo decía haber visto. Cuando era pequeña, seguía esa ruta para ir a la primaria, y sabía que no había tal remisería, nunca la hubo según recuerdo, siempre fue una farmacía, pero aún así lo segui, en ese momento la compañía de un ser viviente que no sea mi padre o mi madre, y que no me quiera cagar, era algo que venía bien, aunque hubo mucha gente que me hizo compañía, no me puedo quejar. Llegamos al lugar donde estaba la supuesta remisería, como era de esperarse solo estaba la farmacia. En ese momento se largó a llover de una manera increíble, esas lluvias espóradicas de clima cálido, que cae con toda la furia durante unos minutos y luego desaparece. Nos acomodamos debajo de un balcón para no mojarnos mucho, Pamela y yo estabamos con algunas gotas encima y la única esperanza ahora era un taxi. Pasaron varios llenos, y el panorama no era muy bueno, ya que los taxistas no suelen llevar gente mojada por la cuestión de los dichosos asientos, y aparte había una mascota…. pero pasó uno y mi amigo lo señó, frenó y mi amigo se acercó para contarle quién llevaría. Mi amigo regresó hacía mí y le pasé a Pamela, el milagroso taxista aceptó llevarla, y a mi amigo también. Lo abracé (Algo que no había hecho nunca en toda la historia que tengo con él, pero que en ese momento, era algo que quise hacer. En agradecimiento y en muestra de que apreciaba mucho el gesto y a él, a pesar de alguna que otra decepción), y ambos subieron al taxi. Mientras partían miraba a Pamela, y fue la típica ecena de una pelí románticona, la lluvia, la mirada triste y confundida de Pamela y tal. No era abandonarla ni regalarla, sería algo por un par de días, pero aún así dolía como si fuera la mitad de una partida para siempre, y la lluvia (A pesar de ser algo que yo disfruto con mucho gusto), no ayudaba en ese momento. Caminé hasta casa bajo la lluvía torrencial, las personas que se refugiaban en las entradas de los edificios y balcones me miraban como si fuera la reencarnación de Jesucristo caminando sobre el agua. Para mi no había tiempo para refugiarme, tenía que regresar para seguir armando cajas y ayudar a mi padre con todo.

Al regresar mi padre trabajaba arduo, me uni y continuamos con el trabajo. Pasó otro largo rato y el cansancio de toda la semana, el evento en cuestión y toda la presión empezaba a hacer peso, cada vez trabajamos más lento y el humor disminuía. De manera brusca, sonó el telefono, era mi madre con las noticias del abogado. Constesté y escuché. El abogado nos había conseguido 20 días para poder desocupar el lugar, tiempo suficiente. Al escuchar las noticias fue un baldazo de agua tibía, fue una sensación muy reconfortante por un lado, pero por otro lado fue una extensión a la calamidad de espera, que era, y en parte sigue siendola, mi gran enemiga. Le comuniqué a mi Padre las noticias y terminó la llamada. No pude captar qué sensación tenía mi Padre, pero se calmó un poco. Cuando llegó mi madre, comimos algo y descansamos un poco. Yo me puse a mandar correos electrónicos a mis contactos avisando de la situación y a prepararlos de cómo me comunicaría con ellos una vez realizado el lanzamiento. Mi madre se comunicaba con nuestro ex abogado, comunicandole la situación. Mi padre, pensaba.

Utilizamos esos 20 días de manera sabía esta vez, no hubo nada de “No va a pasar nada” ni tal, al día siguiente de ese 1° de noviembre aparecieron ambos abogados en nuestra puerta (Dolgo y el abogado de la otra parte), para firmar el acuerdo de los 20 días. Los hice subir, y luego de una charla muy estrámbotica, se firmó el acuerdo. El abogado de la otra parte se retiró, y Dolgo quedó en la sala con mis Padres para continuar la charla. Hablaron de cómo continuarían y qué pasaría, además de las acciones inmediatas que se debían tomar, entre las cuales estaba mover todas las cosas a un lugar seguro. Lo cual hicimos a lo largo de las dos semanas que se nos había otorgado.

Aquellas dos semanas fueron puro trabajo, guardar y acomodar las cosas, luego subirlas a una camioneta que consiguió mi madre de mano de un conocido de ella, bajar las cosas y subirlas, hasta llenar la camioneta, luego ella se iba con ellos y al rato regresaban para llevar más cosas. Fueron varios días y afortunadamente la gente esta aceptó que le regalemos algunas cosas que no nos servían de mucho para poder reducir o bonificar algunos viajes (Ya que cada viaje era pagado), pero ambos personajes eran cordiales y habladores. Si bien hoy en día no se los vé muy confiables, por una cuestión de “piel” (Por cosas que nos contaron y tal), fueron el boleto de salida del lugar, con todas nuestras cosas intactas. En el medio de todos los días de mudanza, teníamos que ir a la zona de Micro centro para poder firmar papeles que nos tría el abogado, ir a buscar fotocopías y buscar lugar y tal. Ya que la ídea era quedarse en Capital Federal, para evitar largos viajes y poder estar a unos pasos del abogado Dolgo por si nos necesitaba, pero no conseguímos ningún lugar. Así que finalmente, luego de guardar todas las cosas tuvimos que ir donde las cosas habían ído: Hurlingam, Zona Oeste, Provincia de Buenos Aires.

El último día oficialmente en el departamento fué el Viernes 27 de noviembre, aunque originalmente teníamos pensado partir el día siguiente, el sábado, pero al no tener nada en el departamento, mi madre dictó que sería mejor ir esa misma noche. Luego de cargar lo último en la camioneta que ahora parecía un tanque debido a que tenía dos colchones y una cama en el techo y adentro tenía desde mesas, sillas, y una Pamela. Mi padre y Yo nos acomodabamos pegados a las puertas traseras de la camioneta, mi madre iba adelante junto al conductor y su esposa. Cuando nos subimos, acomodé a Pamela en mis piernas y mi Padre se sentó enfrente mío. El conductor al cerrar las puertas nos comentó que la puerta del lado de mi Padre no se cerraba, pero que tampoco se abría, siempre y cuando nadie se apoyará en la misma. Dicho esto, “cerró” la puerta y se fue hacia delante para conducir. Cuando el vehiculo se puso en movimiento fue algo raro, todo el viaje lo fue, me sentía mitad nostálgica por dejar el lugar que había sido mi hogar durante muchísimos años, las calles que siempre había conocido, los locales y tal. Tenía primera fila ya que estabamos prácticamente pegados a las puertas, y veíamos todo a través de las ventanillas manchadas con tierra. Mi padre estaba maravillado, porque siempre le ha gustado mirar por las ventanas al viajar en vehiculos, yo miraba todo igualmente, pero con miedo de no saber donde iríamos, ya que nunca había estado ahí, más todos los prejuícios que tiene una persona que siempre ha vivido en la Capital federal, y además de todo esto, tenía la compulsa de sentimientos mezclados pasandome por la cabeza y estómago. Pamela estaba algo asustada, no sabía qué pasaba ni porqué no estabamos cocinandole algo rico, la sujeté fuerte y nos pusimos a mirar por donde andabamos. Los edificios se hacían cada vez más escasos, y el cielo semi oscuro, aquel perteneciente a la transición entre la tarde y la noche, invadía cada vez más el firmamento. Llegó un punto que pasamos por los llamativos puentes naranjas, aquellos que marcan el límite entre Capital Federal y Provincia (No sé si serán los límites exáctos, pero para mi son tales puntos de referencia), y a partir de ahí, los edificios y las calles iluminadas pasaron a ser un raro avistamiento. Mi padre miraba pero esta vez sin tanto entusiasmo, es territorio que él no conoce, por lo cual es algo totalmente nuevo, no es muy adepto a lo nuevo él. Yo sin embargo, miraba encantada, no por el panorama, era aterrador, las calles oscuras, los carteles de propaganda descoloridos por el tiempo, o directamente en condiciones paupérrimas. Estaba admirada por la oscuridad de las calles, por los recovecos varios que habían en cada esquina, las casas enrejadas y las pocas fuentes de luz, era todo como un lugar perfecto, una cuna de perversión y sigilo para mentes perturbadas. Aunque para aquel entonces, el viaje estaba lejos de terminar. Pasamos por muchos lugares, todos con estética similar, desde lugares que parecían precaríos pero no al punto de villas de Emergencia, hasta lugares donde se notaba que el dinero fluía diariamente. Recorrimos una autopista, que iba paralela a una línea de tren, y al otro lado habían filas y filas de pastos, yuyos y arboles, todo bañado en oscuridad, algo que me provocó sentimientos no muy gratos, pero fácilmente controlables y alejados de cualquier autoridad.

La camioneta finalmente paró, cómicamente después de que haber pensado “Ojalá no sea acá”, algo que se me ocurrió al ver unas chicas bastantes desarregladas. Hizo marcha atrás y unos segundos después apareció el conductor, haciendo con las manos unos binoculares, en referencía de que mi padre y yo parecíamos estar en un submarino con tantas cosas. Abrió las puertas y empezamos a bajar las cosas.

Entre el apuro de bajar las cosas no podía mirar con detalle el lugar, ni mi alrededor, pero si pude ver algunas cosas. Primero que nada era una casa, dos pisos. En las ventanas del segundo piso estaban: Una señora mayor, una mujer de unos 20 años (O tal vez más), y muchas voces de fondo. Fue algo que instantaneamente no me gustó, tampoco me gustó el hecho de haber oído de alguna de las mujeres un “Más porquerías no”, pero nuevamente, preferí preocuparme y centrarme en mi tarea de ayudar a bajar las cosas.

Estabamos metiendo las cosas por la puerta levantada de un garage, al parecer la puerta principal no funcionaba, porque estaba obstruída por cajas de zapatos y huevos. Había un auto en la vereda, tapado y con las llantas en muy mal estado, era el famoso auto que mis padres habían comprado hace muchos años y que resultó traer problemas más que utilidad, pero no por culpa del auto en sí, si no por las decisiones de mis padres en rentarlo.

Terminamos de bajar las cosas y entré a la sala donde estaba Pamela, sostenida por un hombre de unos 50 años, pero de apariencia jóven. Con anteojos claritos, que estaba sentado en una mesa, junto a la esposa del conductor. Lo saludé luego de que mi madre me introdujo, una persona que llamaré Amadeo, este señor era el “dueño” (Explicaré luego) del garage y de la primera planta frontal, lugar donde nos quedaríamos. Al terminar de acomodar todo, el conductor se fué con su mujer, nos despedimos y entramos a la propiedad. Se cerró la puerta del Garage, y nos sentamos en la mesa a conversar y conocernos con Amadeo. Nos ofreció helado, nos dijo donde estaba el baño y empezó a contarnos sobre él. Mi padre y yo estabamos algo apagados, eramos los más afectados por el cambio, ya que mi madre (Si bien no la estaba pasando bien) era conocedora del lugar, conoce al tal Amadeodesde hace muchos años, al igual que la zona en general.

Si bien llevo unas notas alternas en una carpeta, la que uso como un mini blog, quería armar esta entrada para mi blog personal, ya que considero oportuna la ocasión para contar esta larga historia de malos ratos, aunque por el momento estamos bien todos y mirando con optimismo las posibles noticias del Instituto de la vivienda. En cuanto a lo del juicio, se peleará hasta las últimas consecuencias, nadie sabe si volveremos al departamento algún día, lo más probable es que no ya que la ley no suele ser imparcial y los contactos modifican lo que es legal o no. Nosotros al ser una simple familia más, no tenemos contactos ni legales ni politicos con nadie, no necesitamos de tal cosa, ya que somos lo suficientemente ingenuos para creer en que la justicia es equitativa y justa, pero de nada sirve quejarse a estas alturas, ya pasó lo peor y lo único que queda es intentar reconstruir una base sólida para despegar de una vez por todas del seno familiar, aunque de eso hablaré otro día. Por ahora me despido y actualizaré con otra entrada de ser necesario o si la situación lo amerita.

¡Hasta luego!

8 thoughts on “Despiertame cuando la pesadilla termine.”

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  1. Los tiempos duros pasan, la gente dura no.

    Una frase que escuche no se si en una de las series Elementary o En cuerpo y Alma.
    Cabe mencionar que es a interpretación propia, pero me gusto.
    Me da mucho gusto que todo este en proceso, como me dijo una vez un conocido, mientras estés (No vayas para atrás y tampoco hacia adelante) esta bien.
    Un gran abrazo y sabes que como pueda te ayudo.

    En caso ultimo lo desaparecemos (?

  2. hHola guapa, gracias por pasarte a saludar a mi rinconcito. Me ha gustado mucho tus palabras y por lo que veo somos del mismo pensamiento en este tema. No sé si habrás visto una miniserie británica de dos temporadas llamada UTOPIA… Creo que te va a gustar. Plantean una aproximación a este tema desde una perspectiva de lo más extrema… Ya no te cuento más para que empieces a verla jajaja Por cierto, qué tal va todo por casa? Un abrazo grande.

    1. Todo va bien encaminado, es solo una cuestión de esperar y mantener la paciencia intacta. Es un lindo lugar gracias a que el casero es una persona muy amigable y jocosa, de hecho tengo la sospecha que es debido a eso que la espera casi no se siente, al menos por mi parte ya que no puedo hablar por mis padres. Añadiré la serie que me dijiste a mi lista de “A mirar”!, gracias por el tip!

  3. Madre mia, Eve, me he sentido absorbida por tu relato. Qué manera de escribir! Todas las descripciones me han hecho sentir que estaba allí contigo. La pena es, ciertamente, no poder estar allí para echarte una mano con lo que necesites. Qué tal sigue todo? Un abrazo

    1. Por el momento todo sigue estable, con mucho calor y atentos al telefono. Afortundamente el señor que nos da alojamiento es muy bueno y se ha hecho muy amigo de mi padre y de mi, aunque más de mi padre ya que los dos tienen un humor jocoso y les encanta reirse todo el tiempo… le hacen bromas a mi madre y cosas asi jaja… la armonía por el momento es el factor que reina. Por mi parte, extraño en parte la ciudad, aqui no hay mucho para hacer, además de que no hay donde ir como para distraerse un poco. Hablando de sueños…. los he vuelto a tener, cada dos o tres días….supongo que poder dormir sin temer que al día siguiente toquen a tu puerta para sacarte ayuda a poder dormir tranquila jaja!

      1. Bueno, al menos hay algo positivo en este mar de negatividad. Si te apetece hablar para pasar el rato mensajeame si quieres por Telegram que es más directo, y así me cuentas más tranquilamente, que yo estaré encantada de charlar. Un abrazo grande

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