En una esquina la veo pasar.
Intenta asimilarse a la multitud pero es incapaz.
Su naturaleza caótica la delata, como una oveja entre lobos.
Sus ojos danzan de un lado al otro.
Su tranquilidad yace en cuatro patas y lejos está.
El sol la castiga, látigo luminoso le marca la carita.
Pasos largos y cuidadosos, protectores y agobiantes.
Ella intenta no recordar el por qué de su estar.
Su oscura vestimenta muestra una ilusión.
Solo muy pocos ojos podrían ver los colores ocultos.
Sus manos marcan el ritmo, protectoras.
La guadaña está muy lejos aún… pero ella la siente.
Heridas profundas marcan su mirada y su existir.
Su trabajo la desconoce, sus deberes la detestan.
Ella quiere gritar pero no puede.
Cientas de historias la rodean.
Miles de ojos la presencian.
Huellas son conquistadas por su agonía.
Las bestias de metal le sirven.
Las letras del año no la reconocen.
El comodín del pasado la disfruta.
El verdugo del futuro, hacha en mano, la espera.
El frágil presente intenta animarla, desafiante de la realidad.
En los bosques se rumorean ideas, se comercia el oro del terror.
La dama duerme, inconsciente pero sufriendo la aflicción.
Su historia solo es conocida por pocos, suertudos.
Su realidad solo comprendida por aún menos, desafortunados.
Su rostro y acciones conocidos por un par, recuerdos inborrables.
Soledad a medias…
Locura seductora…
Una sudadera rosada, guantes sin dedos color chicle, cuero real.
Sonrisa coqueta y una falda ventilada.
Adornos cuales quiera, rostro cuasi maquillado.
Pies de material plástico, cuatro ruedas por dedos.
Mochila gatuna; ella busca alcanzar la vida.
Escrito originalmente el día 28 de diciembre del año 2017.

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