En el día de hoy Guadalupe, vieja y fiel compañera de mi madre, y miembro de nuestro cuarteto familiar murió.
Agonizó tres días y dos noches, sospecho que murió por envenenamiento pero ya no hay nada que pueda hacer al respecto. La extraño, y mi último recuerdo de ella será sentir con mi mano el tenue calorcito que aún le quedaba en el pecho, a la vez que sentí como sus patas estaban demasiado frías. No es la primera vez que le veo la cara a la muerte dibujada en el rostro de un ser vivo, pero si es la primera que me duele en el ser. El ciclo de la vida hará que no sea la última vez que pase por esto, habrán peores y más sonadas, pero aún así me duele saber que ya ocurrió. Al menos ahora estás en paz y fuera de este pozo de locura, vieja amiga. Guadalupe.


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