Es aquella que nos toma por sorpresa, a veces
Es aquella que nos tortura con la anticipación de su llegada, su anuncio
Es aquella que nos mata las miradas, el suelo es nuestro único paisaje
Es aquella que nos hace sentir el corazón hecho de papel
Es aquella que nos hace notar los lugares vacíos
Es aquella que nos hace suspirar
Es aquella que convierte suspiros en dolor y recuerdos en tragedias
Es aquella que nos persigue los silencios
Es aquella que nos arrebata los sueños y sonrisas
Es aquella que nos hace abrazar un poquito más fuerte
Es aquella que nos acerca y revela lo genuino y disipa lo irreal
Es aquella que nos revela los lazos reales y cauteriza los superficiales
Es aquella que nos hace dudar de todo, complejo cuestionamiento
Es aquella que nos hace mirar la puerta, esperando algo; siempre
Es aquella que nos drena la sangre de las piernas y brazos
Es aquella que silencia a los castrados
Es aquella que hace cantar a los corazones y llorar a las razones
Es aquella que puede separar a la vez que une
Es aquella que nos obliga a amar, más y más fuerte
Es aquella que nos da una chance única de crecer
Es aquella que nos hace humanos, y a veces algo más
Es aquella que nos inmacula el sentir y profana la inocencia
Es aquella que nos hace sentir más viejos; el frío cala más en los huesos
Es aquella que nos mancha el silencio para el resto de nuestra vida, qué ironía
Es aquella, la maldita, la odiada, la amada, la necesaria.
La inmortal.

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