Un esbozo de cordura reflota en medio de la locura.
Los huesos crujen y las lenguas danzan.
No conozco el perdón, la compasión no sabe de mi.
La caricatura de su sonrisa pendiente del colgante.
Escucho voces, no entiendo su lenguaje.
Existió una época en la que pude pertenecer pero desistí.
No encuentro el calipso de mi sonora tragedia
Gritos de horror absoluto se blanden del más absoluto silencio.
Lo grotesco se viste de gala.
Mis párpados están sedientos de la refrescante fantasía.
Ya no soy capaz de verla, oírla o sentirla.
Prefiero recordar mi templo como era y no la abominación que es.
El sudor, heraldo de la prisa y lo profano.
La impertinente locura domina todo con su gracia mórbida.
Ningún recuerdo está a salvo.
El dolor es doloroso pero su eco es intolerable.
La compañía, la más dulce de las sogas.
El cuello es frágil y endeble, muy diferente al pasado.
Las huellas están rotas y no tienen dirección alguna.
El pulso gris tiembla de pavor, el cuerpo lo sabe.
No sé cómo dejar de existir.
No sé si quiero aprender.
La danza del llanto es extenuante.
El sol será el testigo, la luna la espectadora.
Fronteras de razón y locura.
Planeadores de caramelo.
Grasa debilitante.
El pelaje duerme, pero disfruta la caricia y la compañía.
Escrito originalmente el día 20 de diciembre del año 2017 a las 21:34 hrs.

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