“Anthony”

Humildes fueron sus comienzos, cargados de deseos.
Allá por donde los pastos son marrones de tanto pasado.
Los durmientes marcaban el camino hacia la salvación.
Sir Anthony, el penitente.

Cargada de trabajo su vida fue, el éxito lo acompañaba.
Metal y papel fundaron sus amistades y hasta su familia.
Ojos apresurados, risillas complacientes, y apretones sudados de codicia.
Lord Anthony, el generoso.

Su reino fue un misterio, solo los muros conocen de su tiranía.
Su reina compartía raíces con el rey, una desconexión sideral entre tales.
Secretos, malas miradas, irresponsabilidad.
Sir Anthony, el juerguista.

Sus riquezas alimentaron ricos y pobres por igual.
Su familia, su peor enemigo, fue la mayor benefactora.
Un castillo se erigió en nombre del éxito, negro su granito.
Sir Anthony, el resurgente.

La doncella negra, su llegada, inesperada fué.
La reina ha caído.
El rey enfermo está, los plebeyos del castillo festejan.
Anthony, el leproso.

Los días pasan, meses y años.
El rey solo está, su herencia se marchó a pasturas superiores.
En medio del sopor, una caravana llega a sus puertas.
Anthony, el salvador.

No fue pequeño su acto, cuatro vidas salvó.
Lo que él, aparentemente, no sabía, es que también se salvaba a si mismo.
Los ojos plebeyos se cargaban de odio día a día.
Sir Anthony, el odiado.

Su propia sangre lo detesta por no dejarse ejecutar.
Como cuervos, que se creen buitres, rondan alrededor de él.
Afilando sus dientes, tronando sus nudillos.
Sir Anthony, la presa.

Un cielo estrámbotico se forma bajo la mirada del ladrillo.
Un círculo de zarzas se forma lentamente alrededor de las, ahora, cinco luces.
Luceros en medio de una oscuridad, todo el castillo los escucha.
Sir Anthony, el protegido.

Al fondo del castillo habitan seres oscuros.
Algunos los confunden con maldad, no es así.
Peor su naturaleza es: Ignorantes, brutos, salvajes.
Sir Anthony, sembrador de odio.

Envuelto en misterio el detonante de la rivalidad entre hermanos.
El rey siempre alimentó a su parásito familiar, y este a su casta.
La madre del rey, disfruta del espectáculo diario.
Sir Anthony, el bufón.

Los verdugos esperan cada día que la caravana se marche.
Desean tener la chance, terminar de conquistar el castillo.
Tal como su naturaleza: tontos… los castillos son para reyes.
Lord Anthony, el envidiado.

Capaces, determinados, la caravana es fuerte.
Las cucarachas se impacientan dentro de la oscuridad.
Los conflictos no tardan en llegar.
Sir Anthony, el recordado.

Agua, insultos, tonterías, todo aquello que hace la plebe.
Como simios tirando excremento con la mano.
Pena dan, el rey avergonzado seguro debe estar, debe.
Sir Anthony, el enemigo.

El rey ahora es un enemigo intra-familiar.
Las bocas que alimentó y salvó de la muerte, hoy lo insultan.
Las cabezas que apadrinó hoy se auto-flagelan en locura, el odio.
Sir Anthony, el refugiado.

La caravana es indestructible, las cucarachas entran en pánico.
Intentan todo, nada funciona.
Sin embargo, esta guerra de poder es ajena a ellos.
Sir Anthony, el comodín.

Desde mucho tiempo atrás la caravana armaba su equipaje.
Después de tantas malas sorpresas, ellos preparados están.
Las cucarachas no saben del terror y mucho menos del horror.
Sir Anthony, el incierto.

Cuando todo escala, finalmente, a lo físico, la caravana parte.
No es su batalla a pelear, a pesar que la ganarían fácilmente.
Pero no vale la pena, otro es su camino.
Sir Anthony, el temeroso.

Las cucarachas festejan su aparente victoria, las ratas también.
La caravana parte, donde eran tres ahora son cuatro.
El rey solo está.
Sir Anthony, el sacrificado.

Triste es el lamento de alguien en la caravana.
Su corazón tiembla de impotencia y tristeza.
Su amistad y afecto para con el rey: Real.
Sir Anthony, el apreciado.

La caravanera escucha peste y centellas del rey.
El mundo exterior parece cargado de rencor y desconfianza para con el rey.
Acusaciones de que el rey pecó siempre de soberbio y mal agradecido.
Sir Anthony, el chimento.

Ella se mantiene fiel a su vivencia, observa más allá del qué dirán.
El rey intenta apagar los fuegos en su castillo usurpado.
Justicia o complicidad con sus abominaciones.
Sir Anthony, el juez de su destino.

Un nuevo amanecer llega, noticias también.
El rey, finalmente, ha caído.
Eligió el suicidio a manos de sus verdugos familiares.
Sir Anthony, el traidor.

Ella lo lloró, eterna su decepción.
El tiempo lo olvidará, ella no puede darse el lujo.
El pueblo tenía razón, el chimento siempre fué la realidad.
Adiós, Anthony.

Escrito originalmente el día 25 de Febrero del año 2018.

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