Un jueves.

El clima madrugo loco, lluvia intensa por esporádicos momentos seguidos por un silencio lleno de serenidad. Mi sueño fue interrumpido varias veces por el agua y por pisadas insolentes, un lomo de carne y hueso, recubierto por pelo marrón clarito vigilaba mis sueños, su cola peluda y su hocico húmedo limpiaban y ventilaban mis orejas; me sentí segura. El despertar fue largo, en mi mente solo reinaba el placer del colchón y la presión del tiempo: Los minutos me acosaban.

El cráneo se sintió adolorido, un bostezo desperezador hizo que sintiera como los huesos de mi mandíbula y algunos del centro de mi cara sonaran a un ritmo apresurado. Caminé por mi semi-cuarto, investigándolo en busca de la vestimenta que usaría para el largo y monótono día que me aguardaba impaciente, luego me dirigí al baño para tener los duelos a muerte contra el cepillo, mi pelo y mi apariencia, una rutina diaria. Frustrada con los resultados busqué una tijera y me encargué de que todo quedase lo más parejo posible. Los minutos pasaron y ya era hora de partir, acomodé mi insolente mochila, la calcé y me despedí de mi irritante padre y mi molesta mascota. La calle se sentía fría pero con un tenue viento primaveral, algo que me agradó mucho. El verano siempre me trajo buenos recuerdos y excelentes resultados.

El día escolar comenzó de manera monótona y sin productividad, no muy diferente al resto de los días. En su totalidad es mi culpa que tenga que soportar todo este aburrimiento e inactividad, y aunque se lo que debo hacer para que todo mejore, existe en mi algún lado rebelde e inmaduro que me prohíbe seguir adelante; la peor parte es que no sé cómo solucionar ese lado, o si es un lado negativo o positivo… tengo muchas preguntas que necesitan respuesta, y para complicar las cosas aún más, tan solo yo puedo responderlas. Qué simple y aburrida han creado la vida estás personas, un consuelo es saber que allá afuera las cosas son distintas, no todo es blanco o negro. Estoy tan enviciada y perdida en vicio; hay momentos en los que me gustaría poder llorar y tener lastima de mi misma, pero mi galería de emociones es limitada. Busco la soledad y que nadie dependa de mi o de mis acciones, así como yo no depender de nadie ni nada; ya ha pasado demasiados años usando la formula y el ritmo de vida opuesto a lo que busco, necesito crear muchos cambios, no quiero terminar como lo que me rodea, preferiría morir primero.

Qué bajo estoy; demasiado para mi gusto.

Silueta de una mujer sentada de espaldas en un acantilado frente al mar, con la cabeza baja

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