El frio.

      Es extraño cómo a veces nuestra memoria puede guardar ciertos “detonadores” de recuerdos y experiencias, sean buenas o malas, para recordarnos que tenemos una historia (Sea cual sea) y que no debemos dejar de mirar atrás, a veces en busca de respuestas, otras no, simplemente buscamos una razón o en el peor de los escenarios: Una excusa para seguir adelante, para seguir caminando el recorrido que se hace y repite en cada uno de los seres de este planeta. La razón por la cual digo esto es porque tengo uno de esos “Detonadores” que mencioné al principio, y es de la clase que todos los años o casi siempre me hace recordar cosas, a veces específicas, otras veces de manera aleatoria: La temperatura. La que más memorias y recuerdos me trae siempre es el invierno, el frio, en todas sus variantes: El frio tímido que apenas se hace notar, el frio moderado, y el frio voraz, el que hace doler la punta de los dedos y las orejas, esa clase de frio es el peor, no por que mata más calor corporal que todas, sino porque es la que más recuerdos trae. Sería un error ponerme a detallar cada una de las imágenes que me traen, las sensaciones, los sabores y olores…. Por qué la gran mayoría son cosas del pasado que realmente no me interesa seguir idolatrando en mi vida actual…. y con idolatrar me refiero a tener presente esos recuerdos.

Lo curioso de todo esto es que ha comenzado desde el comienzo temprano de toda la “aventura” de mis relaciones sentimentales tristemente a distancia. El viento que usualmente me despide al salir de la escuela, al tocarme la cara cuando camino hacia mi residencia, me hace recordar aquellas mañanas largas en las cuales me la pasaba en línea con mis “amigos” y relativos, intentando distraerme de mis obligaciones y dolencias…. A veces me gusta recordar mi pasado (Y parte de mi presente) como una vida aterrada de la realidad, intentando perderse en vicios y ocio para poder fingir felicidad, ignorando los problemas, las obligaciones, los miedos, las necesidades y todo aquello que le pone dificultad a la vida… pero al final del día, siempre termina en una cama de dos plazas llorando y temblando de frio, y no del frio físico, si no de aquel que es capaz de hacer quebrar una mente sana, haciendo que se arrodille y suplique por un verdugo: El frio emocional.

Mi relación con Emerson ha terminado. No diré nada más porque no tengo ganas de hablar de temas deprimentes o en algunos casos irritantes, prefiero cerrar los ojos, respirar profundo y seguir adelante. La semana recién comienza y tengo ganas de caminar.


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